Sachenka Santos

Redacción "La Voz Dominicana en Europa".

Por Ascanio Casado Alcantara

El 13 de enero de 1938, Juan Bosch salió hacia su primer exilio hacia Puerto Rico como forma de sustraerse a las intenciones del dictador Rafael Leónidas Trujillo de hacerlo diputado, según le contó el mismo Bosch a su íntimo amigo Mario Sánchez. Es este exilio y su llegada a Puerto Rico lo que produce en Juan Bosch que toda la sensibilidad que plasmaba en sus escritos y que era una llama eterna en su alma, encontrara el cauce que lo condujera a conducir sus energías al servicio de los más humildes.

Sobre esa época, Bosch dijo más tarde:

“Si mi vida llegara a ser tan importante que se justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: Nació en La Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909, y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás”.

Bosch se consagró desde ese encuentro con Hostos a servir a la gente humilde, al país y a los países de la región en sus aspiraciones de ser los artífices de decidir sus propios destinos, sin injerencia de ningún imperio.

En Cuba

Es así, como forma parte de la fundación del PRD en La Habana, Cuba, en el 1939, lo que lo lleva a librar una batalla, donde la pluma pasa a ser una de sus mejores armas para denunciar los atropellos de Trujillo, y de otros dictadores de la región, pero también para mostrarle al mundo los altos valores de estas tierras de América y de sus mejores hijos, aquellos que habían consagrado vida y bienes para una región mejor.

No tuvo pausa ni fronteras en la lucha contra Trujillo y por eso se le vio por México, Venezuela, Estados Unidos, Guatemala, Panamá, Bolivia, Costa Rica, Chile, Haití, y Europa.

Cuando la pluma no fue suficiente, Bosch estuvo dispuesto a cambiarla por el arma, y es así como es parte esencial en la frustrada invasión de Cayo Confites.

Mucho tiempo después llega la muerte de Trujillo, a la que se refiere de esta manera:

“La noticia de la muerte de Trujillo llegó a Costa Rica el día 31 de mayo de 1961, y yo estaba viviendo en ese país, por segunda vez, desde hacía varios meses. Me la dieron los estudiantes del Instituto de Estudios Políticos y Sociales en el aula donde daba clases a jóvenes y hombres maduros de varios países de América latina, todos miembros de partidos de tendencia social demócratas…”.

En declaraciones dadas a la a la prensa costarricense expresó que Trujillo no tenía sucesor y que con “… la muerte de Trujillo ha terminado una etapa de la historia dominicana. Y estoy seguro que la que se inicia ahora será siempre menos dura y sombría que la que baja al foso con el cuerpo del tirano”.

Bosch se había constituido en la figura más alta del exilio dominicano, como bien lo deja dicho el escritor costarricense Armando Vargas Araya, en su libro Costa Rica en Juan Bosch:

“No bien amortajado el cadáver del autócrata, don Juan se irguió desde el territorio costarricense, como el líder democrático que representaba a todos los quisqueyanos. Uno caía, el otro subía”.

Para corroborar lo antes dicho, continúa diciendo:

“El Juan Bosch del tercer exilio costarricense poseía, en abundancia, los atributos primordiales del conductor político: doctrina, valores, ética, carácter, conocimiento y destreza. También tenía las cualidades intrínsecas del líder carismático: confianza en sí mismo, visión histórica, convicción ideológica, agilidad en la acción, capacidad transformadora”.

EL RETORNO

El 20 de octubre de 1961, siendo las 4:00 de la tarde, por la terminal de las Américas procedente de Curazao, arribó Juan Bosch al país, previo a una escala en Venezuela donde sostuvo una conversación con el Presidente Rómulo Betancourt, el cual, junto a Bosch, Muñoz Marín, Figueres, Haya de la Torre, y otros, representaban esa corriente de pensamiento democrático y nacionalista que se había erigido como aire fresco en una región plagada de dictaduras militares.

“He llegado llamado por mi partido con el ánimo de servir a mi país en esta hora de crisis política“, fueron las palabras de Bosch a periodistas dominicanos y extranjeros, según narra Stormy Reynoso Sicard, en la página 236 de su libro Así Nació la Democracia Dominicana, y continuó: “Espero que me sea posible traer a los dominicanos una fórmula de paz y un mensaje de convivencia nacional, dentro de las normas de libertades públicas y justicia social que son las bases de la ideología de mi partido“.

Duramos unos meses de discusiones, no organizativas, sino sobre la filosofía política que debíamos adoptar, y dejamos establecido el Partido Revolucionario Dominicano como un instrumento para servir al pueblo dominicano, no para que sea un pedestal de ambiciones personales”.

Con Bosch llegaba el hombre que se encargaría de conducir al país por senderos democráticos y que le mostraría al pueblo dominicano al discurrir el tiempo la más bella expresión de democracia, como no lo había conocido nuestra nación, y para eso tenía su experiencia adquirida en su largo exilio por países de más desarrollo político y económico que el nuestro.

Dada esa experiencia, sabiduría y visión política, afirmó:

Lo primero que hicimos nosotros al llegar al país en 1961 fue decirle al pueblo por radio, cuál era nuestra idea de cómo debían vivir los dominicanos, cómo actuaría un gobierno democrático, cómo debían ser tratados los ciudadanos…”.

Le llamó a la gente humilde “hijos de Machepa”, y a la de noble cuna, “Tutumpotes”. A los carros de lujos, los denominó carros pescuezos largos. Y con ese estilo de predicar, ese lenguaje humilde, llano, sencillo entendible para la gente de a pie, para el hombre de la ciudad y del campo, le decía lo que querían oír, de su derecho a tener un pedacito de tierra, le contar con buena salud, educación yno podía haber un dominicano que se acostara sin comer las tres calientes.

Por todo eso, se fue todo un pueblo a ejercer su derecho al voto en las elecciones celebradas el 20 de diciembre de 1962, y con una cifra histórica para esa época, 628, 000 dominicanos lo eligen Presidente en una fiesta para la cual él no estaba invitado.

A poco de electo, el 23 de diciembre, emprende una gira por los países de Europa para concertar acuerdos que impulsaran el desarrollo del país, y en cierta forma, que el país no solo a la influencia americana.

Hacia el Palacio

Bosch asume como Presidente el 27 de febrero del 1963, y para entender ese periodo de tiempo desde la toma de posesión hasta el 24 de septiembre, nada mejor que el actor principal nos dice en un artículo fecha el 4 de octubre de 1963 para la edición dominical de The York Times cómo desde el mismo día, los privilegiados de siempre tocaron tambores de guerra.

La sensación de que un golpe de Estado era inminente; se respiraba en todas partes desde hacía unas tres semanas. Pero es el caso que mi Gobierno había vivido bajo esa amenaza todo el tiempo, aún desde antes del 27 de febrero, fecha en que tomé constitucionalmente el poder”.

En el gobierno democrático que se estableció el 27 de febrero en la República Dominicana no había personas del sector aristocrático ni se toleraron privilegios ni negocios sucios. Esa situación era intolerable para la minoría civil que había perdido las elecciones, cuyos líderes comenzaron a conspirar desde que a fines de noviembre de 1962 comprendieron que iban a perder las elecciones del 20 de diciembre. El primer paso de la conspiración fue tratar de impedir que se aceptaran los votos de colores, indispensables en un país con alto porcentaje de analfabetos que sólo podía distinguir los votos por los colores: el segundo paso fue tratar de impresionar al pueblo, a través de algunos sacerdotes católicos, con la mentira de que yo era comunista; el tercero, una vez pasadas las elecciones, decir que éstas no tenían validez porque el pueblo se había equivocado; el cuarto, organizar el golpe de Estado para que yo no pudiera tomar posesión el 27 de febrero, y en este sentido llegaron tan lejos que me vi obligado a entrevistarme con centenares de oficiales de las fuerzas armadas y la policía, en el propio mes de febrero, para impedir el golpe; el quinto fue organizar un complot para el día 9 de marzo, cuando apenas tenía diez días como Presidente, bajo la acusación de que yo no le había cumplido al pueblo lo que le había ofrecido en la campaña electoral. Por último, fracasado todos esos intentos, se resucitó con violencia increíble la acusación de comunismo, pero no ya diciendo que yo era comunista porque sabían que nadie lo creería, sino que no perseguía a los comunistas, y se desató una campaña de radio y prensa, dentro del país y en los Estados Unidos, en la que cada día se lanzaban nuevas mentiras y cada día se invitaba a las fuerzas armadas a dar el golpe.”

“Al subir al poder, éste abolió inmediatamente más de 150 puestos burocráticos y diplomáticos, incluyendo 15 en la embajada dominicana en Washington. Luego redujo los salarios de todos los oficiales del gobierno que ganaran más de 500 dólares al mes. El suyo propio bajó de 5.000 a 1.500 dólares al mes y los de sus ministros de gabinete de 2.000 a l.000 dólares”. (Dan Kurzman, La Revuelta de los Condenados, pág. 81)

“Pero la espada militar era en realidad muy amenazadora, pues Trujillo había formado bien a sus oficiales, manteniéndoles bajo el puño con una mezcla efectiva de terror y concesiones. Uno de esos oficiales fue Miguel Atila Luna, nombrado jefe de las Fuerzas Aéreas a la muerte del dictador”. (Dan. Pág. 81)

Los oficiales “…vivían en hogares lujosos y conducían automóviles libres de impuestos, y a veces, si el dictador sabía que alguno tenía deudas, le regalaba un cheque por la cifra total”.

Pero en el gobierno de Bosch: “…los privilegios de los oficiales y sus oportunidades para el contrabando y la corrupción, que habían producido no pocos millonarios, fueron drásticamente suprimidas”. Para Bosch, el odio irracional de la alta clase media dominicana hacia el pueblo, encabezada por algunos líderes de algunos pequeños partidos, los líderes de los industriales y de los comerciantes, eran la instigadora del Golpe y guiados por esos líderes los jefes militares hubieran ametrallado al pueblo.

El 18 de junio del 1963, ante el clima que se vivía, Bosch expresó: “Los militares no conspiran sino los llevan a conspirar políticos civiles. Se ha estado conspirando y la responsabilidad no es de los militares; es de los que quieren el poder en este país a toda costa, y quieren utilizar a los militares como escalafón para encaramarse en el poder”.

Para el mes de Julio, Bosch se reúne en la Comandancia de la Aviación Civil, en la Base Aérea de San Isidro, durante una graduación y uno de los oficiales le interpeló de la siguiente forma: “Presidente, queremos hablar con usted, porque estamos preocupados con las actividades de cierto sector político, queremos decirle que puede usted contar con nosotros, en cualquier medida que usted tome contra ellos”.

A lo que Bosch le contestó: ¨No hemos vuelto a este país a perseguir. Somos afirmativos, no negativos. Si las fuerzas armadas insisten, deben buscar a otro para que gobierne, porque yo no estoy dispuesto a dirigir una dictadura –total o parcial– en la República Dominicana¨.

“La determinación de Bosch de ser la misma antítesis de Trujillo y mantener su país completamente libre de la persecución de cualquier clase, a menos que estuviera sancionada por la ley, ayudó a apresurarsu caída…”. (Pág. 96, La revuelta de los Condenados, Dan K.)

El Manifiesto de los Golpistas

Entre los argumentos esgrimidos por los militares golpistas, en el manifiesto dado por los 27 oficiales de las diferentes ramas de las fuerzas armadas y la policía nacional, figura: “Nosotros hemos tenido que proceder de esta manera a causa de la actitud negativa adoptada por el presidente Bosch ante las reiteradas demandas de que contuviera al comunismo”.

Es por ello, que en algunos de los puntos del manifiesto se hace constar que:

  1. Quedan fuera de la ley: el comunismo, “de inspiración marxista-leninista o castrista y todos los partidos que profesen estas doctrinas¨. 2.- El gobierno del presidente Bosch ha sido depuesto por ultraje a la Constitución y por desestimar los derechos individuales”… Así como la disolución de ambas cámaras del Congreso.

En el fondo, pérdida de privilegios, afán de enriquecimiento rápido, supuesta debilidad de Juan Bosch para enfrentar el comunismo, sectores de la oligarquía que querrían tener el control del gobierno para su hacer sus negocios, poco interés de que existiera un gobierno de amplia libertad y que se preocupara por los sectores humildes, la resistencia de Juan Bosch para que se adquieran aviones en Inglaterra, sector de la iglesia que veía en Juan Bosch una retranca para también gozar de los privilegios que da el gobierno, todo eso fue creando las condiciones para que todos esos sectores confluyeran en una alianza y decidieran deponer al gobierno legítimo de Bosch.

¿Pudo evitarse?

El periodista Dan K, en su libro La Revuelta de los Condenados, dice:

“Tampoco estaba Bosch preparado para eliminar de la jefatura de la nación a los antidemocráticos elementos trujillistas, como la U.C.N. (Unión Cívica Nacional, ac) había prometido hacerlo en la campaña electoral. Rechazó la sugerencia de algunos consejeros de que equilibrara el poder de las fuerzas armadas o las reemplazaras con una milicia leal a él y a sus principios, aunque sus enemigos le acusaran de tratar de crear una milicia. Él estaba convencido de que cualquier esfuerzo para apoderarse de las fuerzas armadas determinaría un golpe de estado, y posiblemente la guerra civil, antes de que naciera la democracia. Prefería jugárselo todo con la espada de las fuerzas armadas sobre su cabeza, creyendo que, incluso si llegaba a caer, la democracia se habría iniciado al fin. Y, con alguna suerte, tal vez los jóvenes oficiales entrenados en el constitucionalismo, especialmente en las escuelas de los EE.UU., hubieran podido hacer frente ante el golpe de los trujillistas. De cualquier forma, él estaba seguro de que, una vez el pueblo probara la democracia ya no se conformaría con nada menos”.

“…Su agudo sentido de la justicia social estaba muy sazonado de idas conservadoras y, lo que es aún más importante, demostraban que era virtualmente incapaz de caer en el oportunismo a expensas de los principios. Su acercamiento prudente y moralista pudo haber sido un instrumento discutible de política en una situación que exigía acción drástica, pero también acentuó la tragedia de su caída. Raro es en realidad el líder latinoamericano que no es en sus acciones ni demagogo ni oportunista”.

“Pero, si bien a Bosch le faltaba espíritu tolerante, no llevó su intolerancia a la violencia, la fuerza o la dictadura. Se negó a permitir que su amargura y prejuicios alteraran sus convicciones morales o le apartaran del sendero e la democracia. Parece paradójico, pero su horror a llegar a un compromiso que pudiera ser considerado un anatema a la democracia, fue aplicado con todo vigor en su apoyo de la misma democracia”.

Ese era el Juan Bosch, el mismo, el de siempre, el de los principios alejado de la búsqueda de bienes materiales, solo de servir a los más sanos intereses del país y de sus nobles causas.

Eclipse sobre el Palacio

“El 24 de septiembre es fiesta religiosa en la República Dominicana. Ese día yo había estado desde muy temprano despachando asuntos oficiales en mi casa, pues me había negado a vivir en el Palacio Nacional e iba a bañarme para asistir a un agasajo que les daba en el Hotel Hispaniola a los miembros del Ballet Folklórico Mexicano cuando un amigo llegó a avisarme que los altos jefes de las Fuerzas Armadas estaban reunidos en el Palacio. (Pocas horas después supe que había habido una reunión similar la noche anterior, de cuyos pormenores no me enteró el Ministro de las Fuerzas Armadas, a pesar de que su obligación era hacerlo).

Al recibir la noticia de que los altos jefes militares estaban reunidos en el Palacio Nacional, pedí que se le preguntara al Ministro de las Fuerzas Armadas si tenía alguna noticia que darme”

–Dígale al Presidente que no duerma esta noche en su casa porque la situación es de peligro—respondió el Ministro.

“A las 7:30 de la noche asistí al Club de Oficiales de las Fuerzas Armadas donde se le rinde un homenaje al almirante William Ferral, y al notar la poca asistencia de altos oficiales convocados para las 9 de la noche a una reunión en su casa al jefe de la marina, del ejército y al ministro de las Fuerzas Armadas, reunión previa al acto al Ballet Folklórico de México a la cual asisten los generales Elby Viñas Román y Renato Hungría así como el Comodoro Julio Rib Santamaría y visto el comportamiento de los militares allí presente, conserva la esperanza de que no se produzca el golpe de Estado, aún a sabiendas del interés de los mismos de conservar los privilegios que veían escurrírseles de las manos.

Bosch los convoca nuevamente a su despacho del Palacio Nacional.

El general Vìctor Elby Viñas Román, Ministro de las Fuerzas Armadas, llegó a las 12; y le informó que los otros convocados estaban recorriendo los cuarteles y llegarían más tarde. Para Bosch era un indicio claro de su unidad para efectuar el golpe.

“A las 1:30 (del día 25, miércoles), comenzaron a entrar los altos oficiales. No llegaron ni Wessin y Wessin ni Luna. Ninguno de los dos tenía entereza suficiente para encararse conmigo. Los dos, igual que todos los demás jefes, me habían asegurado en repetidas ocasiones que el gobierno constitucional tenía todo el respaldo de las Fuerzas Armadas y que ellos sólo aceptarían cambio de gobierno por medio del voto, tal como lo establecí en la Constitución. Yo sabía que no decían la verdad; gobierno que había impuestos la austeridad más estricta, que no les permitía la más leve injerencia en la administración civil, que había sacado de cargos públicos a familiares y recomendados de algunos jefes debido a menos impropios de fondos. Pero yo sabía otra cosa que la mayoría de esos jefes pretendía ignorar; que en las Fuerzas Armadas había entrado la política por debilidad de los jefes, y había entrado en la peor forma, llevada por líderes de minorías oligárquicas de odio al pueblo y de una necesidad incontrolable de poder para asegurarse privilegios a 50 familias señaladas por Dios –y por algunos sacerdotes—para distribuirse la República, sus tierras, sus negocios y la cuantiosa herencia en empresas industriales que había dejado Trujillo”.

Los oficiales presentes en el Despacho del Presidente le aseguraron que los cuarteles estaban tranquilos, para Bosch había llegado la hora de las definiciones, porque el país no podía vivir a sobresaltos de rumores de Golpes de Estados.

Bosch le informó la sustitución del General Wessin y Wessin, por su inasistencia a esa y otra reunión convocada por el él.

Viñas Román afirmó que Wessin y Wessin no podía ser sustituido y para el general Rivera Cuesta, eso costaría mucha sangre al pueblo dominicano.

Bosch, ante esta resistencia y la llamada para que no durmiera en su casa, la resistencia a que Wessin no fuera sustituido y la llegada de oficiales no convocados a esa reunión, sabía que era eminente el golpe de Estado.

Al salir del despacho del presidente, el General Rivera Cuesta dijo:

–Ese hombre está preso.

“Ese hombre era yo, el presidente de la República llevado a ese cargo por la voluntad popular y por la votación más grande que recordaba la historia del país”.

Bosch había actuado al igual que Rómulo Gallegos, que, conminado por sectores militares, que le dieron un ultimátum con tres puntos a cumplir le expresó: “Mis posiciones no son cuestiones personales sino mandato de las leyes que jurado cumplir y hacer cumplir”.

Bosch, en la Historia Secreta del Golpe de Estado, afirma que el motivo del mismo estuvo en que el gobierno de los Estados Unidos sin su consentimiento instaló en territorio dominicano un campamento de guerrilleros haitianos alimentados con armas y hombres desde la base militar Romey de Puerto Rico y que al Bosch darle instrucciones al ministro de relaciones exteriores para que convocara la OEA para denunciar el mismo, lo que provocó que la misión norteamericana diera la orden de su derrocamiento para evitar el daño a la imagen mundial que tenía el entonces presidente John F. Kennedy.

Lo cierto es que sea la perdida de los privilegios por los militares, oponerse a la compra de aviones por el General Atila Luna en Inglaterra, las acusaciones de comunistas por sectores de la iglesia, el interés de los sectores de la oligarquía de hacerse con las propiedades de Trujillo y mantener los privilegios del Estado, el no querer perseguir a los comunistas, en fin, sea lo que sea que se alegue, no queda la menor duda que todo fue parte de una trama orquestada desde el instante que Juan Bosch se apareció a una fiesta que no estaba invitada y le daño las aspiraciones de todos esos sectores y desde ese instante, para doña Carmen y el país, todos los días era como un Golpe de Estado.

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