Sachenka Santos

Redacción "La Voz Dominicana en Europa". Publicista

En las pasadas semanas se hizo intensa en las redes sociales una campaña de solidaridad con una pobre mujer que tuvo que fallecer lejos de su familia acompañada por unos pocos amigos, se trataba del fallecimiento de la ciudadana Esmeralda Comprés, dominicana residente en Palma de Mallorca. Dicha campaña insistía en la exigencia a las autoridades de hacerse cargo el traslado del cuerpo hacia la República Dominicana.

Una tragedia por la que no debería tener que pasar nadie, pero sucede, y seguirá sucediendo. El fenómeno migratorio internacional plantea diversos asuntos, uno de los cuales tiene que ver con el arraigo de quienes van, vienen, o se establecen en algún rincón del mundo. El que emigra, lo hace la mayoría de las veces empujado por fuerzas que los sociólogos han llamado “factores de expulsión u atracción”.

Quienes deciden abandonar su lar nativo, lo hacen muchas veces pensando en el retorno. La nostalgia de la vuelta se convierte en un propósito fundamental. Sin embrago volver para tener una vida feliz y con plenas garantías económicas junto a familiares, no siempre se cumple.

A algunos les sorprende la muerte (las estadísticas dicen que cerca de 600 dominicanos fallecen cada año fuera de las fronteras de la República Dominicana).

En el caso particular de Esmeralda María Comprés, desde el momento en que enfermó fueron notificadas las autoridades correspondientes, quienes pusieron en marcha las gestiones necesarias para dar cobertura a la situación. Las competencias de la zona de Palma de Mallorca corresponden al Consulado dominicano en Valencia, y el cónsul Jorge Cordero, inmediatamente comunicó la situación al Ministerio de Relaciones Exteriores.

Hay constancia de que la encargada del Departamento de Asistencia y Protección de los Dominicanos en el Exterior del Mirex, Nallibe Sapeg tomó cartas en el asunto desde el principio. Ahora bien, las fiestas navideñas, los reyes, los trámites de cada país, se tenían que llevar a cabo cuando el sistema permitiese, añadieron pesar a la ya trágica situación, lo que llevó a cierta desesperación a los familiares y allegados.

El cónsul en Valencia dió seguimiento personalmente a este triste caso, dando soporte económico a la persona que estuvo acompañando a Esmeralda. El 24 de enero la Asociación de Dominicanos y Dominicanas Juan Pablo Duarte en Baleares emitió un comunicado donde agradecía a distintas personas, entre ellas el Cónsul Dominicano en Valencia Sr. Jorge Cordero, al Sr. Hidalgo, Cónsul Honorifico de la Rep. Dominicana en Palma de Mallorca, quienes desde su función hicieron todo cuanto estaba en sus manos para cumplir con un gesto humanitario en este caso tan doloroso. Igualmente agradecieron las donaciones de la comunidad dominicana, amigas/os, allegados a la fallecida y personas anónimas que quisieron colaborar haciendo su donación.

El día 2 de febrero, la familia daba sepultura a Esmeralda y a sus sueños. No quisiera terminar de escribir sin antes recordar a la comunidad que existen seguros que evitan este tipo de episodios, es cierto que nuestra comunidad tiene grandes dificultades, pero es necesario que hagamos consciencia, no dejemos dejar al azar un asunto tan incómodo.

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