Redacción La Voz

Equipo de redacción del periódico "La Voz Dominicana en Europa".

Por Daniel Tejada

El desarrollo de un país está determinado por la capacidad que tengan sus habitantes de “saber usar” de manera más eficiente los instrumentos que generan ese desarrollo, y que ese manejo le facilite adaptarse constantemente a los cambios que se suscitan. Este “saber usar” implica que información y conocimiento se articulen como un binomio capaz de impulsar el propio desarrollo.

Tal como observó el insigne Adam Smith, las riquezas de las naciones no solo dependen de sus recursos naturales, sino que son creadas a partir de la capacidad de la creatividad de sus habitantes y su capacidad para acometer proyectos.

Este planteamiento lo retoma Peter Drucker (un preclaro tratadista y filósofo austriaco contemporáneo) al referirse a la sociedad poscapitalista, como una sociedad nueva en la que prima la innovación constante y el aprovechamiento del conocimiento, una sociedad basada en la sociedad del conocimiento.

Y más recientemente, uno de los economistas más importantes de este siglo, el estadounidense, Jeremy Rifkin. Recuerdo que en el 2014 visitó Madrid, y en esa ocasión el profesor Rifkin, presentó su libro “La civilización empática” a la que asistí. En ese libro expone ideas novedosas sobre la sociedad de hoy. Rifkin, afirma que “en 35 años el capitalismo ya no será el modelo dominante”, pero lo más importante es que el economista norteamericano, da valor al enfoque del aprovechamiento del conocimiento en la sociedad de hoy. En su análisis va más allá, planteando que ya se da en la llamada sociedad del conocimiento un vestigio de lo que será la sociedad del futuro próximo: la evolución del homo sapiens, en homo empáticus, y que esta evolución se fundamenta en la tecnología, en el uso de las energías limpias y en una mejor aplicación del conocimiento en beneficio de la naturaleza y del ser humano.

Todos estos enfoques sobre la sociedad del conocimiento tienen una importancia vital para países como el nuestro, y sobre todo en cómo entendemos la información y el conocimiento hoy en día y de cómo lo utilizamos.

Las sociedades en “vía de desarrollo” (y sabemos que esto es un eufemismo) disponen hoy de una gran cantidad de información, pero tal como apunta el filósofo Alejandro Llano, muchas veces se confunde esta disponibilidad de información con el Saber, sin entender que la información es solo un aspecto del Conocimiento, que es un crecimiento interno, mientras que la información es algo externo, que está a nuestra disposición.

Al enfrentarnos (los países como el nuestro) con este problema, nos percatamos de que manejamos una cantidad ingente de información y que muchas veces la confundimos con conocimiento; este enfoque es generado como consecuencia de un sistema educativo deficiente y equivocado, que pone en valor la información antes que el conocimiento. Esto nos sitúa en un escenario de desventajas para competir en situación de igualdad, en un mundo globalizado, en donde la información es procesada y aprovechada a partir de los factores de una excelencia en los recursos humanos fundamentada en el conocimiento. Vista así las cosas, se nos plantea la necesidad urgente de cambiar y fortalecer nuestro sistema educativo, con mira a sentar las bases para un mejor aprovechamiento de la información, transformando esta en verdaderos conocimientos y en oportunidades, por ende, de desarrollo económico y humano.

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