El líder opositor venezolano, Leopoldo López, ha sido excarcelado hace tan sólo unas horas gracias a las gestiones que desde hace varios meses viene realizando un grupo de personalidades, encabezado por el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, con el gobierno de Nicolás Maduro, y entre los que se encuentra el exmandatario dominicano Leonel Fernández.

Sin embargo, y a pesar del revuelo mediático internacional, lo cierto es que el hombre que se ha convertido en símbolo de la resistencia al gobierno bolivariano no ha sido realmente puesto en libertad, sino que se ha dictado contra él arresto domiciliario, entre otras cosas, por los problemas de salud que arrastra desde que fuera apresado hace tres años acusado de incitar a la violencia por participar en las protestas ciudadanas contra los excesos del chavismo, las que culminaron en 2014 con la muerte de decenas de personas y más de un centenar de heridos.

La condena impuesta al preso político más famoso del país sudamericano supera los 13 años de cárcel. Una sentencia ampliamente cuestionada por la comunidad internacional, y únicamente celebrada por los acólitos al régimen de Maduro, tanto dentro de las fronteras venezolanas como por sus defensores en otros países, los que afortunadamente ya no son muchos, debido a la deriva autoritaria del bolivarianismo que empezó como motor de cambio social en el país del Orinoco, y que sólo deja a estas alturas una estela de sangre y enfrentamientos encarnizados que se está convirtiendo en el germen de un estallido social de gigantescas proporciones.

Las denuncias de torturas y la persecución sistemática contra representantes de la oposición son una constante. El control absoluto de Maduro sobre los diferentes poderes del Estado es un hecho constatado, lo que ha generado un clima de desconfianza en las instituciones públicas, a lo que se suma el estado de emergencia en el que se encuentra el país por la falta de productos básicos, una alta tasa de inflación y un clima de inseguridad que hacen de Venezuela uno de los países más inseguros del mundo.

La joya de América Latina ha pasado de ser el punto de atracción para nacionales de otros países del entorno a convertirse en una nación que expulsa a grandes cantidades de ciudadanos y ciudadanas que se mudan a Panamá, Colombia, España o República Dominicana.

La liberación a medias de Leopoldo López es sin duda un gran avance en lo que respecta a la consecución de la paz social tan necesaria en la nación de Bolívar y Miranda. No obstante, queda muy lejos la pacificación de un país que está muy malherido y en el que las posiciones se han radicalizado de tal forma que destensarlas parece un objetivo inalcanzable.

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