En un país como España en donde el concepto de la diversidad étnico-racial aún no está lo suficientemente interiorizado, resulta sumamente difícil hacer ver a ciertas personas que el color de la piel no determina el origen nacional o geográfico de alguien.

La separación por “colores” entre seres humanos es una trampa que sólo existe en las mentes de los que no aceptan que el mundo es diverso y mestizo desde sus propios orígenes.

Ya sea por ignorancia o por los relatos supremacistas aprendidos generación tras generación, lo cierto es que aún hoy nos encontramos con ciertos tics racistas que a estas alturas no deberían aparecer ni por asomo en sociedades modernas como la nuestra.

Cuando te hacen la famosa pregunta “¿de dónde eres?” y respondes: “español”, siempre aparece alguno que cuestiona el origen nacional (léase bien: origen nacional) de tus padres. Si ambos también son españoles, entonces te dicen que de donde son tus abuelos… y así hasta el infinito. Como no eres “blanco”, piensan que necesariamente has de ser de otro país porque “en España no hay negros”.

Resulta curioso que no se enseñe con suficiencia en las escuelas la historia reciente de España en lo que respecta a sus últimas colonias. En el caso de los hijos o nietos de ecuatoguineanos a los mismos se les somete a menudo una gran injusticia: ellos y ellas siempre han sido españoles porque sus padres o abuelos lo eran, no han emigrado de ninguna parte extraña a lo que por entonces estaba considerado como Reino de España.

Lo único destacable de lo anterior, por fijar algunos parámetros, es que en un determinado momento, aquellas personas cambiaron su residencia de lo que era una provincia de ultramar a la península, tal y como sale un canario de su isla para venir a Madrid, porque decidieron seguir como españoles y no apoyar la independencia de Guinea Ecuatorial. Por tanto, son españoles de toda la vida y de varias generaciones. No han conocido otra cosa, no son otra cosa que hombres y mujeres de este país.

Por poner otro ejemplo, esta vez el de una de las islas del Caribe con mucha historia común con España, podemos hablar del General Felipe Alfau y Mendoza, Capitán General de Cataluña y primer Alto Comisario del Protectorado Español en Marruecos, del que nadie duda que fuera español. Sin embargo, hay detalles de su vida que se nos escapan por estar convenientemente ocultados.

Por ponernos en situación, Don Felipe Alfau y Mendoza nació en Santo Domingo en 1845, unos meses después de haber sido proclamada la separación de la República Dominicana y Haití, que hasta ese momento formaban una sola república desde 1822, fecha en la que se proclamó la Unificación de la isla tras el fracaso de la primera independencia de España con la denominación de Estado Independiente del Haití Español que encabezara José Núñez de Cáceres. Por tanto, el Capitán General de Cataluña nació como dominicano.

Este militar español era hijo de Felipe Alfau y Bustamante, paradójicamente nacido como español en la ciudad de Santo Domingo en el año 1818 durante el periodo de la España Boba. Un periodo oscuro de la historia dominicana que llegó a producirse gracias a la Guerra de la Reconquista librada por los dominicanos contra la Francia que ejercía sus derechos sobre toda la isla desde la ocupación de la parte Occidental de La Española por Toussaint L´Overture, en nombre del Emperador Napoleón Bonaparte.

Alfau y Bustamante fue uno de los conspiradores que dieron el Golpe de Estado al gobierno de Charles Herard, con el que previamente había colaborado durante el proceso revolucionario de La Reforma que dio fin al gobierno dictatorial de Jean Pierre Boyer.

El febrerista y trinitario fundador se destacó en las luchas clandestinas de los separatistas en las que convergieron varias facciones y grupos influyentes en la política dominicana, entre los que se encontraban, por un lado, los defensores de la independencia pura y simple como Duarte, Sánchez o Nicolás Mañón; y por el otro, aquellos que abogaban por la vuelta a España como provincia del Reino, o quienes veían con buenos ojos la anexión a Francia, Inglaterra o los Estados Unidos, pasando por los que argumentaban (Buenaventura Báez en un primer momento) que lo mejor para la parte española de isla era reincorporarse a Haití.

El patriarca de los Alfau fue Vicepresidente de la República Dominicana, pero su sentimiento estuvo más bien ligado a la idea de la vuelta a España, por lo que apoyó sin cuestionamientos la Anexión que promoviera el caudillo Pedro Santana.

Conseguida la Anexión a España en 1861 la misma no se sostuvo por mucho tiempo y se dio de bruces con la revolución que inauguró la Guerra de la Restauración, en la que las milicias dominicanas derrotaron a las tropas de la reina Isabel II.

El ejército español, humillado, salió huyendo de la isla de Santo Domingo, y los Alfau, fieles a la Corona, trasladaron su residencia a España. Ya en la Madre Patria, Felipe Alfau y Bustamante ocupó la Gobernación de Sevilla y otros puestos relevantes en la vida pública española, al igual que sus hijos y nietos.

Nadie cuestiona la españolidad de los Alfau, una familia criolla de Santo Domingo. Pero nadie tampoco menciona su origen “extranjero” ni cuenta que el Gobernador de Sevilla, por un lado, y que el Capitán General de Barcelona quien comandó las tropas españolas en su entrada a Tetuán, por el otro, son dominicanos.

La República Dominicana, España y África están indefectiblemente ligadas por hechos tan importantes en la historia reciente de este país como los resumidos más arriba. Los Alfau no son una excepción en la construcción del relato histórico de España. Son muchos los personajes y los episodios acaecidos a ambos lados del Atlántico los que han dado lugar a lo que hoy representa éste país en el mundo.

Nuestro compromiso como dominicanos y españoles debe ser el de visibilizar los aportes de nuestros compatriotas, poniendo en valor sus logros, convirtiéndolos así en referentes para las presentes y futuras generaciones para hacer justicia a sus nombres y cada uno de los hechos que han protagonizado.

 

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