Sachenka Santos

Redacción "La Voz Dominicana en Europa". Publicista

Por: Juan C. Sánchez González

Es habitual que cuando el nombre o pensamiento de Juan Bosch nos llega a la mente, los que nos sentimos seguidores de sus ideas o cuando menos sus admiradores, pensemos en la palabra servicio. Incluso también es muy habitual que nuestro inconsciente rescate del recuerdo aquella sentencia que nos lanzara el maestro de que aquel que no viviera para servir, perdía la razón de su propia vida.

Toda la obra Bosch, este intelectual dominicano, es muy vasta para poder resumirla en unas cuantas líneas, por muy meditadas y ordenadas que estén escritas estás líneas; pero en cualquier caso y al intentar colocar una palabra, un titular a su hoja de vida, insiste la palabra servicio en aparecer como la primera.

En una de sus frases, una de aquellas que, por montones, nos dejara como testimonio de su magisterio, y que resulta definitoria de sus aspiraciones, nos mostraba la esencia del servicio en beneficio de la colectividad, por y para la colectividad y también en primera persona:

“Los pueblos dignos, como los hombres con estatura moral, buscan dar, no recibir, buscan ayudar, no pedir ayuda”

Hoy a casi 110 años de su nacimiento, muchos de quienes admiramos la obra de este titán de La Vega, El Pino y Río Verde, intentamos servir con nuestros actos cotidianos, ya sea en el ámbito profesional secular, docente, político o cultural.

Quien identificándose con la obra de Juan Bosch, tenga la posibilidad de servir con su ejercicio profesional y/o con la política, sea en su entorno, o a sus congéneres, o a quien lo precise por necesidad o a quien le corresponda por deber, tendrá la gran oportunidad de ser una especie de cristal transparente por el que pueda discurrir, con diafanidad,  esa mística de Bosch.

A quien en lo docente y/o en lo cultural se le presente la posibilidad de servir a una colectividad que quiere o aspira a elevar su espíritu, aun cuando muchas veces no sea consciente de ello, podrá emular aquel sentimiento de entrega que mostró Don Juan. Este sentimiento, el de servir por encima de muchas otras cosas, quedó claramente expresado y reconocido cuando circunstancialmente en un texto cargado de aquella humildad que emanan algunos personajes que lindan la genialidad, expresó lo siguiente:

“El hecho más importante de mi vida hasta poco antes de cumplir 29 años fue mi encuentro con Eugenio María de Hostos, que tenía entonces casi 35 años de muerto. (…) Hasta ese momento yo había vivido con una carga agobiante de deseos de ser útil a mi pueblo y a cualquier pueblo, sobre todo si era latinoamericano; pero, para ser útil a un pueblo, hay que tener condiciones especiales. ¿Y cómo podía saber yo cuáles condiciones eran esas, y cómo se las formaba uno mismo si no las había traído al mundo, y cómo las usaba si las había traído? La respuesta a todas esas preguntas, que a menudo me ahogaban en un mar de angustias, me la dio Eugenio María de Hostos, 35 años después de haber muerto”. Conociendo a Bosch, hoy es fácil para nosotros conocer cuáles serían esas condiciones.

Hoy, el Centro Cultural Juan Bosch de Valencia, cerca de aquel Benidorm del exilio, es un referente de servicio en su comunidad, para la comunidad universal, para quien lo precise, promoviendo la cultura, las ciencias, las artes. Esa es precisamente la mística necesaria, y la vocación clara para Servir al Pueblo.

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